viernes, 17 de junio de 2022

 

Oración del simio

 

dame dios

un par de manos

aunque pierda la altura de la rama

un par de manos para trabajar el barro

otórgame la gracia

del alfarero y su fuego


o dame la libertad

 

necesito un par de manos

para tejer la tela que me cubra

y la mortaja de mis ancestros

quiero labrar la tierra y cosechar

guardar para los inviernos

cuando la tierra entra en su sueño


o admite mi libertad


y dame dios

una garganta

para decir lo que te pido con palabras

(aunque sirvan las palabras, tantas veces,

para la mentira)

una garganta para llamar a mi hembra

no desde el grito previsible

sino con palabras


o déjame gozar la libertad


quisiera una voz

para que la tristeza

logre la altura del poema

aunque yo pierda la altura

de la rama


¡o dame, por favor, la libertad!

 

Junio 2022

 

                                                                                             

jueves, 9 de junio de 2022

miércoles, 25 de mayo de 2022

Paisaje 4


 Papel Arches 300 gr  35 x 45 cm  Acuarelas Sennelier

domingo, 17 de abril de 2022

Si es la paz

 

Si es la paz

 

si es la paz

no piensas en ella

simplemente estás en ella

como quien flota confiado

sobre el mar

 

no miras tus cosas

como si fuera la última vez

que las contemplas,

en su amable sentido banal

la silla es la silla

la cama es la cama

 

si es la paz

imaginas que mañana

saldrás de tu casa

a caminar por las calles

así

sin rumbo

para nada más que caminar

 

no tienes el corazón apretado

ni las manos hechas puños

ni la respiración entrecortada

ni las lágrimas secas

en tus ojos despavoridos

 

Marga Schultz

23-02-2022

 

 


martes, 29 de marzo de 2022

Unas ideas sobre el valor de la ‘presencia’

 


¡Presente, señorita!

Unas ideas sobre el valor de la ‘presencia’


 

 

De niñas/os reaccionábamos con energía al escuchar nuestro nombre. Esa ceremonia de comparecencia, que también era visibilidad, participación, se llamaba “Pasar lista”. La mención de nuestro nombre era respondida con un muy audible: ‘¡presente señorita!’…

 

Cuando adultos, nos encontramos con otros modos de la presencia, por ejemplo, en el Teatro. Es la hora de inicio de la ‘función’, los asistentes nos vamos acomodando en nuestros lugares… El espacio de la escena, todavía sin los actores, anticipa su presencia. Pero no se tratará de un simple ‘aparecer’. La presencia, cuando nos es dada en un teatro, suele ser percibida como una fuerza emergente desde lo íntimo de la persona de la actriz, o el actor. Ellos, comparten las emociones y conductas de sus personajes a un par de metros de distancia, ante nosotros. Lo que sentimos como espectadores proviene del encuentro. Por eso existe una diferencia no solo estética, sino anímica, entre teatro y cine…

El ejemplo del teatro, confirma la importancia de la reunión presencial entre los seres humanos. Podemos advertir, asimismo, en películas, series, y en la vida misma, que después de situaciones dramáticas, tristes, o en momentos de alegría superlativa, lo culminante es un abrazo estrecho entre dos personas.

A raíz de la pandemia venimos siendo despojados de la presencia en muchos sentidos. Hemos tenido que reemplazar la presencia de familiares, amigos, y colegas, con fotos, videos, chats.  ¿Reemplazar? ¡No!... porque, en verdad, la presencia de nuestros prójimos es irreemplazable. El abrazo apretado, la sonrisa, el brillo de la mirada, no aparecen o están desvaídos en los sistemas on line. Son, más bien, testimonios de ausencia. Por el momento lo entendemos, aunque estamos con la esperanza de que se restituya lo genuino de aquellos gestos presenciales.

¿Por qué considerar tan importante ese fenómeno, la presencia?

Es notorio: la idea de presencia está relacionada con la valoración del tiempo presente. Y lo sabemos: lo intenso del vivir coincide con el ahora y el aquí. Porque cuando nuestros afectos están presentes se incrementa la alegría de estar juntos en un mismo momento y en un mismo sitio. Es un ‘convivio’ (convivium), un ‘vivir-con’, en que se percibe esa fuerza íntima que emana del otro. Convivio, es palabra vinculada a ‘banquete’, ‘fiesta’... De allí el regocijo que representa la presencia: ese mutuo reconocimiento de unos con otros forma parte de la plenitud de la vida.

 

 

crédito de la imagen:

  • Psicología-Online
  •  

     

     

     

     

    miércoles, 22 de diciembre de 2021

    Navidad en Tierra de Nadie

     

    Navidad en Tierra de Nadie[i]

    Margarita Schultz

     

    El tableteo de las ametralladoras llevaba días, interrumpido apenas por puntuales cañoneos.

    Las tropas alemanas estaban atrincheradas a no más de 100 m de distancia. ¿Y entre medio? La Tierra de Nadie…

    En las trincheras, con los fusiles apoyados sobre la tierra helada sobrevivían su vida soldados de un batallón. Algunos, peleando contra el sueño, otros, apoyados junto al barro compacto, miraban por sobre el borde los relumbres de los disparos cada vez más cercanos. Las escaramuzas se cruzaban de improviso, con la velocidad del rayo. Quedaban después, en ese espacio de nadie, los cuerpos de los muertos y las quejas sin fuerza de los moribundos.

    Recostado contra la pared de la trinchera, apenas recubierta por unas tablas para evitar desmoronamientos, un soldado escribía una carta para su amada, iluminado por un pequeño farol de aceite cubierto con un trapo. Un cohete cruzó el cielo nocturno con un silbido aterrador y fue a explotar más allá, a metros de la trinchera.

    El soldado escribía, apoyada la hoja sobre el revés de su plato de aluminio. Enérgico sonó el grito de su Sargento: − ¡Chester! ¡Maldito cochino! ¡Apaga esa luz! ¡¿Nos quieres ver morir a todos?!

    Pero, el soldado estaba como inmerso en una  pompa de jabón. Allí buscaba los recuerdos de aquella despedida que tuvieron su amada y él, en una pequeña calle de Dover. La fatiga acumulada, la suciedad, los estruendos entreverados del combate, no le impedían escribirle sobre su amor, una vez más.

    Esa carta seguiría la misma ruta que las anteriores: el fondo nunca bien seco de su mochila. En esos días, nadie venía con cartas, nadie las llevaba para entregarlas. La situación frenaba cualquier desplazamiento, − ¡Hasta nuevo aviso! –fue esta vez el grito desaforado del Sargento que recorría la trinchera dando órdenes con voz ronca. Era su manera de intentar proteger a sus soldados.

    Ya habían perdido a varios camaradas. Los que habían logrado rescatar, desde la Tierra de Nadie, yacían en una fosa única, en un extremo. La mayoría de los combatientes había aprendido, también, a tragarse el dolor de esas pérdidas.

     

    Al otro lado de la Tierra de Nadie, en la trinchera alemana, recostado contra la pared de barro apenas recubierta por unas tablas para evitar desmoronamientos, un soldado escribía una carta para su madre. Omitía el horror y solo ponía en el papel palabras de amor y ternura, y algunos detalles sobre la infame comida. Esa carta seguiría la misma ruta que las anteriores, el fondo de su mochila. Los tableteos de las ametralladoras, las estampidas ocasionales de los cañones lo movían a tratar de taparse los oídos con ambas manos. La vela encendida, pegada en el revés de su plato de aluminio, casi no daba luz; iba cincelando las últimas formas de la chorreadura de cera antes de apagarse. El soldado escribía apoyado sobre la caja del radiotransmisor. Era el encargado de las comunicaciones…

    Detalles en los uniformes embadurnados de lodo daban, a cada lado, indicios de la diferente nacionalidad: a primera vista, los cascos. Sin embargo, los emparejaba la consigna recibida de matar al enemigo. Estaban, de modo similar, devastados por el cansancio y el hambre, el dolor, la incertidumbre y el miedo. El miedo representaba allí el rostro de la Vida; los muertos no temían.

    Era el inicio de la Nochebuena, vísperas de la Navidad.

    A lo lejos se divisaban resplandores de estallidos. Un silencio inusual en medio de la negrura, en la parte alemana, sorprendió a quienes hacían guardia; un silencio profundo como el de la calma que precede a una tormenta. El batallón permaneció alerta, las armas listas, preparados para un eventual ataque masivo...

    Sin embargo, vieron aparecer unas temblorosas, tenues luces. Avanzaban con lentitud, como si en verdad estuvieran clavadas en su sitio. Venían desde la trinchera inglesa, la de los enemigos.

    Alguien en su desesperación y locura había tomado la iniciativa.

    Paso a paso algunos soldados ingleses fueron avanzando en la neutralidad de la Tierra de Nadie. Llevaban velas encendidas, le cera caliente les quemaba los dedos, pero no sentían dolor. Los del batallón continuaron avanzando, expectantes. Y alcanzaron a ver, en medio de la oscuridad, unos trapos blanquecinos, movedizos. Estaban siendo agitados por soldados enemigos que avanzaban desde las trincheras alemanas.

    Así fue hasta quedar frente a frente, en un estado de paz impremeditada y efímera. Al momento se oyó en la noche el canto de un villancico y otros y más. Se mezclaron los idiomas, letras y melodías en un milagroso quodlibet. 

    Así se tejió la fuerza de una Tregua de Nochebuena, con las fibras humanas, íntegras pese a todo…

    La Tierra de Nadie fue durante ese tiempo nocturno, Tierra de Todos. El estruendo de las armas se había detenido. Al menos por unas horas un silencio bendito dejó lugar a las canciones, las miradas, sonrisas, intercambios de cigarrillos y de botones de chaquetas. Surgieron apretones de manos, las que, aunque de modo inestable, dejaron de sostener fusiles.

    Un cielo oscuro, profuso en estrellas, fulgía como horizonte, por encima de todos.

     

    …………..

     

     


    Fuente de la imagen:///C:/christmas-truce-statue-at-ploegstraat.webp

     



    [i] La Tregua de Navidad

    La tregua comenzó en la víspera de la Navidad el 24 de diciembre de 1914, cuando las tropas alemanas comenzaron a decorar sus trincheras, luego continuaron con su celebración cantando villancicos: específicamente "Stille Nacht" (Noche de paz). Las tropas británicas en las trincheras al otro lado respondieron entonces con villancicos en inglés.

    Apenas unas horas antes, ambos lados estaban tratando desesperadamente de matarse entre sí.

    Pero durante un breve período durante la Navidad de 1914, las balas, las bombas y el derramamiento de sangre en el frente occidental durante la Gran Guerra dieron paso a un precioso momento de paz festiva. (Fragmento).

     

     

    Fuente: The Daily Mirror UK

    Autora del artículo acerca de La Tregua de Navidad: Melissa Thompson 26-12-2012

    16 millones de personas murieron durante esos cuatro años

     

    lunes, 20 de diciembre de 2021

    Otro año


                                            Jano Bifronte                     [Imagen: RedHistoria]


     Otro año


    transitan los días
    en su neutralidad
    sin saber cuál es su estrella 

     

    sin embargo
    cuando algo los atrae
    se ordenan los días
    en torno a un centro

     

    y danzan
    entre la historia y la ficción
    con la música del tiempo

     

    nos convertimos entonces
    en espectadores
    del contacto
    entre dos años

     

    31 de diciembre 2021- 01 de enero 2022